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Mitología azteca.

por MAURO
viernes, 18 de julio del 2008 a las 21:43
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Ometecuhtli representaba la dualidad de la generación; equivalía al mismo tiempo al cielo, lo masculino, y a la tierra, lo femenino, y ocupaba el primer lugar en el calendario. Los aztecas creían que cuatro mundos o soles habían precedido al actual. Como en muchas otras mitologías y concepciones religiosas, entre los aztecas existía la idea de la sucesión de distintas eras o mundos, interrumpidos y transformados a través de cataclismos.

El primer Sol se llamaba Nahui-Ocelotl (Cuatro-Ocelote o Jaguar), porque el mundo, habitado por gigantes, había sido destruido, después de tres veces cincuenta y dos años, por los jaguares, que los aztecas consideraban nahualli o máscara zoomorfa del dios Tezcatlipoca.

El segundo Sol, Nahui-Ehécatl (Cuatro-Viento), desapareció después de siete veces cincuenta y dos años al desatarse un gran huracán, manifestación de Quetzalcóatl, que transformó a los sobrevivientes en monos.

El tercer Sol, Nahui-Quiahuitl (Cuatro-Lluvia de fuego), desapareció al cabo de seis veces cincuenta y dos años, al caer una lluvia de fuego, manifestación de Tláloc, dios de la lluvia y señor del rayo, de largos dientes y ojos enormes. Los habitantes de la tierra eran todos niños, y los sobrevivientes se transformaron en pájaros.

El cuarto Sol, Nahui-Atl (Cuatro-Agua), acabó con un terrible diluvio, después de tres veces cincuenta y dos años, al que sólo sobrevivieron un hombre y una mujer, que se refugiaron bajo un enorme ciprés (en realidad, ahuehuete). Tezcatlipoca, en castigo por su desobediencia, los convirtió en perros, cortándoles la cabeza y colocándosela en el trasero. Cada uno de estos soles corresponde a un punto cardinal: Norte, Oeste, Sur y Este, respectivamente.

El Sol actual es el quinto y se llama Nahui-Ollin (Cuatro-Movimiento), porque está destinado a desaparecer por la fuerza de un movimiento o temblor de tierra, momento en el que aparecerán los monstruos del Oeste, tzitzimime, con apariencia de esqueletos, y matarán a toda la gente. Quetzalcóatl, junto con Xólotl, creó a la humanidad actual, dando vida a los huesos de los viejos muertos con su propia sangre. El Sol presente se sitúa en el centro, quinto punto cardinal y se atribuye a Huehuetéotl, dios del fuego, porque el fuego del hogar se encuentra en el centro de la casa.

Los sacrificios, humanos y de animales, eran parte integrante de la religión azteca. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u ofrecerse como voluntarios para el sacrificio en las ceremonias importantes. Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros. También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse la continuidad de su aparición cada día y con ella la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra.

 

Según una leyenda, los aztecas fundarían una gran ciudad allí donde encontraran un águila devorando a una serpiente posada sobre un nopal. En el año 1325, los sacerdotes aztecas descubrieron esta escena en un islote cerca del lago Texcoco, y allí erigieron la ciudad llamada Tenochtitlán. En el momento de su más alto desarrollo, el Imperio azteca se extendió por lo que hoy es la región central del país, desde la costa del golfo de México hasta la del Pacífico, y desde el Bajío hasta Oaxaca (Huaxyacac).

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Mitología maya

por MAURO
viernes, 18 de julio del 2008 a las 21:39
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Como en el mito de los orígenes de otras culturas, entre los mayas aparece el del silencio y las tinieblas originales. Nada existe y es la palabra la que dará origen al Universo. De ello se encargan los progenitores, entre los que se cuentan Gucumatz y Hurakán, el Corazón del Cielo, además de Ixpiyacoc e Ixmucané, abuelos del Alba.

La creación del ser humano pasó por varias pruebas hasta llegar a su estado definitivo. En el primer intento, la materia empleada fue el barro, "pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía", no podía andar ni multiplicarse, "al principio hablaba, pero no tenía entendimiento". En la segunda prueba, los progenitores decidieron hacer muñecos de madera, que "se parecían al hombre, hablaban como el hombre", pero, aunque se multiplicaron, no tenían alma, entendimiento ni memoria de su creador, "caminaban sin rumbo y andaban a gatas". Fueron destruidos y sobrevino un gran diluvio. Además de los males enviados por los dioses, también se rebelaron, vengándose de ellos, los perros, las aves de corral, las piedras de moler, los utensilios domésticos. El intento definitivo de creación concluyó con los hombres de maíz, que fueron cuatro: Balam-Quitzé (Tigre sol o Tigre fuego), Balam-Acab (Tigre tierra), Mahucutah (Tigre luna) e Iqui-Balam (Tigre viento o aire). Éstos estaban dotados de inteligencia y buena vista, de la facultad de hablar, andar y agarrar las cosas. Eran además buenos y hermosos. El desarrollo de los seres humanos se identifica entre los mayas con el principal cultivo y fuente de sustento, el maíz: "de maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados".

Los mayas creían que había trece cielos dispuestos en capas sobre la tierra y que eran regidos por sendos dioses llamados Oxlahuntiku. La tierra se apoyaba en la cola de un enorme cocodrilo o de un reptil monstruoso que flotaba en el océano. Existían nueve mundos subterráneos, también dispuestos en capas, y regidos por sendos dioses, los Bolontiku, que gobernaban en interminable sucesión sobre un ciclo o semana de nueve noches. El tiempo era considerado una serie de ciclos sin principio ni fin, interrumpidos por cataclismos o catástrofes que significaban el retorno al caos primordial. Pero nunca se acabaría el mundo porque creían en la palingenesia, la regeneración cíclica del universo. Los libros del Chilam Balam exponen predicciones acerca de esos ciclos de destrucción y renacimiento, como la que relata la sublevación de los nueve dioses subterráneos contra los trece dioses celestiales, el robo de la gran serpiente, el derrumbe del firmamento y el hundimiento de la tierra. También en el Chilam Balam se dice que en 1541 llegaron los dzules, los extranjeros. Hasta ese momento estaba medido "el tiempo de la bondad del sol, de la celosía que forman las estrellas, desde donde los dioses nos contemplan", pero llegaron los dzules y lo deshicieron todo. "Enseñaron el temor, marchitaron las flores, chuparon hasta matar la flor de los otros porque viviese la suya": habían venido "a castrar al Sol". Según los mayas lacandones, cuando se acabe el mundo los dioses decapitarán a todos los solteros, los colgarán por los talones y juntarán su sangre en vasijas para pintar su casa. Después reconstruirán la ciudad de Yaxchilán, donde se habrán refugiado los lacandones. Según otra versión, los jaguares de Cizín, dios del inframundo, se comerán al Sol y la Luna.

Entre los mayas existen tres moradas diferentes para los muertos: el inframundo, un paraíso que se encuentra situado en uno de los cielos y una morada celestial. La primera, llamada Mitlán, Metnal o Xibalbá (así se la nombra en el Popol Vuh), está en el quinto de los nueve submundos, el más profundo. Llegar hasta allí es peligroso: el muerto necesita un par de zapatos nuevos, debe pasar tres puertas y cruzar un lago con ayuda de perros. La segunda, el paraíso, es un lugar ameno donde corre leche y miel y equivale a la morada de los dioses de la lluvia o tlálocs mexicas. En el paraíso hay además un espacio para los niños, a quienes se coloca en un gran árbol lleno de pechos de mujer que los siguen alimentando. Según algunas interpretaciones, también los suicidas acaban en la segunda morada. La tercera morada está en el cielo séptimo, el más alto, donde van los que han pasado una temporada en el inframundo, los muertos en la guerra y las mujeres que murieron en el parto. Uno de los dioses de la muerte más importantes es Cizín, también relacionado con los temblores de tierra y con el color amarillo, símbolo de la muerte. No es casual su vínculo con el dios Jaguar, a quien se considera señor de la noche estrellada, aunque en realidad reina al mismo tiempo en el cielo, en la tierra y en el mundo subterráneo de las sombras.

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Mitología griega

por MAURO
viernes, 18 de julio del 2008 a las 21:36
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Gaya, o la Tierra, fue la primera deidad del orden cosmológico griego, nacida del caos que reinaba antes del origen de la vida. Dio a luz a Urano (los cielos) y juntos concibieron gigantes, cíclopes y titanes. Urano no estaba feliz con sus monstruosos vástagos, así que los encerró a todos en las profundidades de la tierra.

Pero a Gaya no le gustó lo que había hecho Urano y convenció al titán Cronos de que atacase a su desagradecido padre y se hiciese con el poder. Pero Cronos resultó ser un padre aún más intolerante que Urano y pronto sufrió el mismo golpe a manos de Zeus, su propio hijo. Con la ascensión de Zeus al poder comienza la era griega de los dioses del Olimpo. Cuando se hizo con el control de todo el cosmos, Zeus decidió repartirse el botín con Poseidón y Hades, sus hermanos. De la repartición se concluyó que Zeus conservaría el título de señor de los dioses, mientras que Poseidón tomaría posesión de los mares. Hades, por su parte, reinaría sobre los infiernos y, aunque se sintió desairado, aceptó su reinado como un dios enojado y celoso. Mientras tanto, el matrimonio de Zeus y Hera (la diosa del matrimonio y la comunidad) no marchaba bien. Los numerosos escarceos amorosos de su esposo hacían que se sintiese tan celosa y enfadada como Hades; sin embargo Hera nunca se enfrentó abiertamente a Zeus y pagó sus frustraciones con otros enemigos.

A pesar de ello, tuvieron muchos hijos. Zeus mostró sin tapujos su favoritismo por Atenea, que se convirtió en la diosa de la sabiduría y la guerra. Al contrario que su hermano Ares (el dios de la guerra), Atenea era juiciosa y benevolente y sólo hacía la guerra para promover la civilización y el progreso. A Ares, sin embargo, no le importaba quién resultase victorioso en la batalla. Lo único que deseaba era derramar ríos de sangre para saciar su naturaleza violenta. Incluso llevó a sus hijos Fobos (miedo), Deimos (terror) y Enio (horror) a la batalla.

Pero cuando la situación se volvió en su contra, Ares huyó rápidamente como un cobarde y hasta su propio hermano Hefesto se mofó de él en público. Hefesto (dios de la fragua y los herreros) había pillado a Ares en un escarceo amoroso con su esposa. Aunque se decía que era el más feo de todos los dioses, Hefesto se desposó con Afrodita, la diosa del amor y la belleza. Pero ella apenas correspondía a su amor y prefería a Ares, el dios de la guerra. Mientras, Zeus seguía manteniendo relaciones extramatrimoniales, de las que nacieron varios hijos, siendo los más famosos Artemisa (diosa del tiro con arco) y Apolo. Dios de la sabiduría, la verdad, la música, el Sol y, sobre todo, la curación, Apolo resultó ser uno de los dioses más venerados del Olimpo. Un infantil acto de buena voluntad sentó el precedente para Apolo: una serpiente gigante llamada Pitón guardaba celosamente el Oráculo en Delfos (un manantial del cual brotaban las profecías del futuro). La serpiente devastaba los campos de alrededor, envenenaba los ríos y los manantiales, destruía las cosechas y arrasaba aldeas completas. El joven Apolo derrotó a Pitón y liberó el Oráculo. A pesar de su buen carácter, a Apolo no le trataban siempre con respeto, especialmente su hermanastro Hermes. Calzado con sandalias aladas, Hermes era el mensajero de los dioses del Olimpo. Pero también hacía travesuras y, siendo aún un bebé, le robó unas reses de ganado a Apolo.

Apolo le exigió que se lo devolviese, pero acabó regalándoselo a Hermes por su destreza con la lira. Hermes se convirtió, de este modo, en el dios de la música.

En cualquier caso, Zeus no limitó sus encuentros a las diosas. También se sentía muy atraído por las mortales. Una de estas mortales era Semele, a quien Zeus "visitó" una noche en forma divina. Semele no sabía quién era el padre de su hijo, pero estaba feliz de haber copulado con un dios y tuvo a Dionisio, el dios del vino y la celebración.

Como era de esperar, Hera se molestó mucho, ya que sus celos no habían disminuido un ápice. Convenció a Semele de que desvelara el nombre del padre, a sabiendas de que ninguna mujer mortal sobreviviría a un encuentro con Zeus en carne y hueso. De esta forma, Semele fue asesinada. Con todo, Hera aún no se sentía satisfecha y mandó que mataran a Dionisio también. Sin embargo, Rea lo devolvió a la vida y Zeus levantó aún más las iras de Hera al otorgar protección divina a su hijo Dionisio.

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Mitología egipcia

por MAURO
viernes, 18 de julio del 2008 a las 21:32
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Antes de que existiese el aire, la tierra e incluso el cielo, había solamente agua: aguas turbulentas y efervescentes de las que surgió el primer dios: Ra. Ra se transformó en un nuevo elemento del cosmos: el Sol. Pero la soledad pronto comenzó a pesarle en el corazón y así, en comunión con su propia sombra, engendró una hija, Tefnut. Ésta también se convirtió en un nuevo elemento: la humedad. Shu, el otro hijo de Ra, se convirtió en el aire. Los hijos de Ra también engendraron sus propios hijos: Geb y Nut (la tierra y el cielo). En poco tiempo quedaba establecido un orden cosmológico completo. Pero con él llegaron desafíos inesperados.

Ra se vio forzado a luchar día tras día contra la serpiente Apofis para mantener el control sobre la atmósfera. Gracias a la ayuda de su hija y esposa Bastet (la diosa de los gatos y la fertilidad), Ra salía victorioso en la mayoría de las batallas. Pero los días en los que Apofis conseguía vencer a Ra, las tormentas y las inclemencias del tiempo dominaban. Esto no era más que el principio de todo aquello con lo que Ra habría de enfrentarse. En una ocasión, la frustración de reinar sobre una población humana siempre proclive a las quejas y la rebelión provocó que Ra, en un ataque de ira, se arrancase un ojo y lo lanzara a la tierra. El ojo se transformó en la diosa de la venganza Sekhmet, una fuerza con tal poder de destrucción contra la humanidad que el propio Ra, arrepentido, tuvo que tenderle una trampa para que regresara. Ra ordenó a sus siervos que produjesen cientos de miles de vasijas de cerveza. Luego la mezclaron con zumo de granada para que pareciera la sangre de las víctimas humanas e inundaron la tierra que rodeaba la morada de Sekhmet en la tierra.

Afortunadamente, el plan dio resultado. Cuando Sekhmet emergió de su morada para terminar de aniquilar a la humanidad, vio reflejada su propia imagen en el truculento lago bermellón. Al instante se enamoró de ella y se bebió el preparado, quedando pacíficamente dormida. La estratagema funcionó tan bien que finalmente la esposaron con Ptah (el mismísimo dios de la creación) y, más tarde, irónicamente, se transformó en Hathor, la diosa del amor y la celebración. Con todo, la responsabilidad sobre todo el cosmos empezaba a mermar la vitalidad de Ra. Conforme envejecía, empezó a buscar a alguien que asumiera sus obligaciones en la tierra. Éstas recayeron sobre Osiris, su bisnieto. Osiris (junto con Isis, Set y Neftis) había sido engendrado a través de la unión de Geb y Nut. Pero cuando Ra delegó el dominio del mundo a Osiris, surgió la primera rivalidad entre hermanos en la historia del cosmos. Esta rivalidad no tendría parangón. Osiris había sido un dictador benevolente y bajo su mando Egipto se convirtió en una nación civilizada. Pero su hermano Set (el dios del caos y las tormentas) sintió celos del favoritismo por Osiris y le quitó la vida. Construyó un elaborado arcón y organizó una fiesta. En el transcurso ésta les dijo a sus hijos que aquel que entrara en el arcón podría quedárselo para siempre. Lo cierto es que había construido el bello ataúd pensando solamente en uno de ellos: Osiris. Cuando Osiris se introdujo en el arcón, Set lo cerró herméticamente y sus conspiradores lo mandaron Nilo abajo con la esperanza de no volverlo a ver jamás. Así, Osiris fue el primer dios de la historia en morir y convertirse, de este modo, en el primer dios del Inframundo. Cuando Neftis le contó lo ocurrido a su hermana Isis, ésta quedó consternada de dolor, puesto que Osiris era su esposo además de su hermano. Isis encontró el cuerpo e incluso consiguió resucitar a Osiris. Juntos tuvieron un hijo: Horus. Pero Set pronto descubrió lo que había pasado y, enfurecido, descuartizó a Osiris en 14 partes y las esparció por todo Egipto para que ni siquiera Isis pudiese unirlas de nuevo. Anubis, el inventor del embalsamamiento e hijo de Osiris, dirigió el entierro en la gran pirámide. Ahora Set dominaba el mundo y, dada su proclividad al caos y las tormentas, estaba a punto de deshacer las buenas obras de Osiris. Se decía incluso que Set conspiraba contra Ra, su padre.

En respuesta, Ra y Horus movilizaron a un vasto ejército para derrocar a Set. Consiguieron el apoyo de Thot, el dios de la sabiduría y la verdad, y éste transformó a Horus en un disco solar tan incandescente que confundió a los ejércitos de Set, que acabaron aniquilándose entre ellos. Pero no hubo manera de encontrar a Set. Se había escondido muy lejos, donde podría movilizar a otro ejército con el que derrotar a Ra y Horus. Sin embargo, su final sería muy distinto. Tras ganar la batalla, Horus desmembró a Set de la misma forma que éste había hecho con su padre. De este modo, Horus se convirtió en el señor de la tierra y estableció el precedente para los faraones que vendrían después.

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Mitología nórdica

por MAURO
viernes, 18 de julio del 2008 a las 21:19
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En el principio de los tiempos, según la leyenda nórdica, no había más que fuego y agua. Poco a poco estas fuerzas forjaron dos seres: el gigante Ymiry la vaca Audhumla. Audhumla se alimentaba lamiendo el hielo salado, mientras que Ymir subsistía de la leche de Audhumla. Con el tiempo, el incesante lamer de la vaca liberó del hielo a otra criatura: el dios Bor. Borengendró otros muchos dioses, pero ninguno de ellos tan importante como Odín. Odín se convirtió en el señor de todos los dioses nórdicos, así como en la personificación de todo el conocimiento. Para ello, le ofreció el ojo derecho a un gigante llamado Mimir a cambio de que le dejase acceder a las fuentes de la sabiduría. Más tarde, cuando Mimir resultó decapitado en la batalla, Odín untó el cráneo con hierbas para devolverle la vida. Desde entonces conservó la cabeza de Mimir a su lado como fuente de inestimable consejo.

 

Aunque Odín engendró muchos hijos, fue a través de su matrimonio con la diosa Friga como se produjo la mayor diversidad de dioses: desde el elocuente Bragi (dios de la poesía) hasta el más poderoso de todas las deidades nórdicas, Thor, el dios del trueno. Thor nunca tuvo miedo en la batalla, gracias en gran medida al arma que había elegido: un martillo asombrosamente poderoso al que llamó Miolnir. Una vez lanzado, Miolnir siempre volvía a las manos de Thor, no sin antes despedir impresionantes relámpagos por los cielos del norte. Cuando Thyrm, el rey de todos los gigantes en la remota tierra de Jotunheim, oyó hablar del martillo, quiso apoderarse de él. Pero la venganza por haber querido robarle el martillo a Thor llegaría sin demora ni compasión. Thyrm había pedido como rescate por el martillo a la diosa Freya, la madre de Thor. Thor montó en cólera, pero Heimdall, el guardián del Puente del arco iris y poseedor de los sentidos más agudos entre todos los dioses, ideó un plan: Thor se vestiría de mujer para ir a Jotunheim, la tierra de los gigantes, donde convencería a Thyrm de que él era Freya. Al principio Thor se negó, pero finalmente se puso uno de los vestidos de Freya y partió hacia Jotunheim. Cuando el complacido Thyrm le dio el martillo a cambio de la mujer que él pensaba que era Freya, Thor lo blandió con tal fuerza que acabó con el gigante de un solo golpe. Nadie se atrevió jamás a hacerle algo semejante a Thor. Aunque implacable en la batalla, Thor era un guerrero protector que había heredado su condición de dios guerrero de Tyr (el más heroico y benevolente de todos los dioses de guerra nórdicos). La ira de Thor era terrible y absoluta, pero siempre iba dirigida a aquellos que resultaban una amenaza para la humanidad o los dioses. Balder, por otra parte, no podía ser un hijo de Odín más diferente a Thor. Templado y amable, se le consideró el dios de la belleza y la sabiduría. Sin embargo, continuamente se veía asaltado por tantas pesadillas y temores a la muerte que su madre, la diosa Friga, hizo jurar a todas las criaturas de la tierra que nunca le harían daño. Pero Friga olvidó pedírselo a la pequeña e insignificante planta del muérdago, la que supondría el final de Balder.

La historia cuenta que el dios Loki construyó un arco de muérdago y engañó al hermano de Balder (Hod, el dios de la guerra ciego) para que lo asesinase. Por ello, Loki fue castigado a permanecer debajo de una serpiente gigante que le destilaría ácido en el rostro. El dolor era tan intenso que los estremecimientos de Loki movieron la tierra, creando así los terremotos. Mientras tanto, Friga le pidió a Hela, la hija de Loki y diosa de los infiernos, que le devolviese la vida a Balder. Hela declaró que, en primer lugar, todos y cada uno de los seres de la tierra deberían derramar lágrimas por la muerte de Balder, al igual que Friga les había pedido anteriormente que lo protegiesen.

Ciertamente era posible. Después de todo, Balder era un dios conocido por todos... Skadi, la diosa del invierno, tuvo que unirse en infeliz matrimonio con otro dios mientras intentaba conquistar a Balder. A pesar de su popularidad, la declaración que Hela había pedido nunca tuvo lugar. Aun así, Balder tuvo un hijo, Forseti, el dios de la justicia. Desde las laboriosamente decoradas salas de su palacio de oro y plata, Forseti resolvía todas las disputas y, así, mantuvo viva la leyenda de Balder, su amado padre. Los dioses nórdicos estaban destinados a sufrir su destrucción el día de Ragnarok en la batalla contra los gigantes, sus perpetuos enemigos.

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Sobre el blog

HISTORIA, ANTIGUEDAD, ACTUALIDAD Y MITOLOGÍA

La historia es la ciencia que nos lleva al pasado para comprender nuestro presente y prevenir el futuro. Mientras más conozcamos nuestro pasado mejor preparados para enfrentar el futuro.
La vida esta llena de enigmas y el resolverlos no es sencillo pero la historia contribuye a fomentar la búsqueda de la verdad.

Si bien mitología e historia no son la misma cosa, muchos de los conceptos, criaturas y hechos pertenecientes a la mitología tienen un fundamento histórico. Es innegable que algunos de los mitos tenían como único fin servir de divertimento; en cambio, otros se utilizaban para explicar fenómenos que la gente no llegaba a entender. Para los antiguos griegos, la entrada de un volcán en erupción no era debida a una presión acumulada bajo la corteza terrestre, sino al enojo de los dioses del Olimpo.

En los tiempos cuando reinaba la mitología, la historia de los dioses era como un espejo de la historia de la humanidad: algunos dioses eran crueles, avariciosos y malvados. Eran dioses que inspiraban verdadero temor. Sin embargo, otros eran dioses protectores, generosos y dignos de confianza que prodigaban generosidad a sus súbditos. Por otra parte, la naturaleza de algunos dioses era menos predecible, una volátil combinación de fuerzas opuestas. Los dioses de esta edad no eran infalibles: tenían sus puntos fuertes y débiles al igual que los mortales que los veneraban. Y como todos los hombres y todas las civilizaciones, estos dioses nacían y morían. Pero su leyenda perdura. A pesar de que surgieron muchas contradicciones e incoherencias a lo largo de su evolución, las leyendas acerca de estos dioses todavía abren una ventana al pasado a la que merece la pena asomarse.

Mi misiòn es tratar de que las personas conozcan su pasado y, a la vez, se den cuenta de las injusticias que dìa a dìa vivimos .  Es incrieble el dominio que ejercen sobre nosotros, pero darnos cuenta no es una tarea fácil por este motivo trataré que no son percibibles pero que demuestren el mundo actual sin sombras.

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Es lo que hace falta!!! Estos trabajos enriquecen nuestra cultura. Ojalá puedas continuar con esta ......(17 nov)
Los Huarpes (javier peletay)
Lelio, queria decirte gracias porque soy descendiente de aborigenes por mi apellido. Tambien ......(15 nov)
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gracias,muchas gracias me sirvio mucho pra la tarea jajaja...(02 nov)

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